El ensañamiento de Carreteras del Cabildo con Los Valles: cuando la burocracia se convierte en caciquismo

Hay decisiones públicas que no se sostienen bajo ningún criterio técnico, por mucho que se intenten camuflar detrás de informes, normativas y "bla, bla, bla". Lo que está ocurriendo en la TF-111 a su paso por Valle Tabares y Valle Jiménez ha cruzado ya la línea de la desidia administrativa para entrar directamente en el terreno de lo que parece una preocupante fobia institucional hacia nuestros barrios.

El último y más flagrante ejemplo de este ninguneo lo sufrimos en la rotonda de la gasolinera, a las puertas de Montaña de Guerra y la entrada de Valle Jiménez.

La escultura invisible: el arte de esconder la identidad de un pueblo

Para honrar la tradición de Los Barcos, una manifestación cultural única de San Cristóbal de La Laguna en vías de ser declarada Bien de Interés Cultural (BIC), se diseñó exprofeso una imponente escultura de metal gigante. Su destino natural y lógico era presidir el centro de la rotonda, un espacio público idóneo para dar la bienvenida a los Valles y poner en valor nuestra identidad.

Sin embargo, chocamos contra el muro de los técnicos del área de Carreteras del Cabildo de Tenerife.

Primer pretexto: "Por motivos de seguridad, no se puede colocar una escultura ahí por si un coche se sale de la vía e impacta contra ella".

Una excusa ridícula que cae por su propio peso. Cualquiera que recorra las carreteras de Tenerife sabe que las rotondas de la isla están plagadas de esculturas, monolitos y elementos ornamentales masivos. ¿Por qué en otras vías sí es seguro y en la TF-111 es un peligro mortal? ¿Acaso las leyes de la física y de la seguridad vial cambian al cruzar la frontera de nuestro barrio?

Cuando la presión vecinal desmontó la falacia de la seguridad, el funcionariado, aún más condescendiente, activó el plan B: admitieron que bueno, quizás sí se podría poner, pero que ya existía un "proyecto de ajardinado" inamovible. En lugar de tramitar una simple y rutinaria modificación de proyecto, procedieron a plantar dragos en el centro de la rotonda. Una maniobra de hechos consumados ejecutada con astucia: colocar especies protegidas para levantar una barrera legal y hacer prácticamente imposible la mudanza de la escultura en el futuro.

El resultado es un insulto a la vista: la escultura de los barcos, de color negro, ha sido desterrada a un lateral junto a la gasolinera, camuflada contra una pared de piedra volcánica oscura. Ni luce, ni se ve, pasa completamente desapercibida. Han enterrado el homenaje a nuestra historia en un rincón oscuro para no tener que dar el brazo a torcer.



Un historial de desprecio al peatón y al vecino

Este veto a la escultura no es un hecho aislado; es la gota que colma un vaso lleno de respuestas soberbias, actitudes autoritarias y desatención sistemática. Independientemente del color político de quien gobierne el Cabildo, parece haber un núcleo funcionarial técnico en Carreteras que le tiene una profunda y manifiesta manía a la TF-111 y a sus habitantes, así nos parece, respondiendo con hostilidad ante cada queja legítima.

Los ejemplos de su negligencia e insensibilidad salpican toda la carretera:

  • El charco eterno de la Venta de Juana: Tras las protestas por las chapuzas de reasfaltado, prometieron instalar imbornales o un sistema de desagüe eficaz para evitar que el agua de lluvia se acumule y cree un socavón peligroso frente al comercio. La promesa quedó en nada; el agua sigue estancándose.

  • La guerra contra los pasos de peatones: Se niegan en redondo a pintar pasos de cebra escudándose en fríos ratios de población. Al parecer, para este área del Cabildo, si el número de vecinos censados no llega a una cifra caprichosa, los seres humanos que viven aquí no tienen derecho a cruzar la carretera con seguridad.

  • Una carretera sin aceras: La TF-111 ignora por completo al peatón. Salvo la excepción histórica entre los bares de Tabares y la farmacia —un espacio que ya existía y que el Cabildo jamás se molestó en urbanizar—, la vía carece de aceras. Quien camina por los Valles lo hace jugándose el tipo. De hecho, ya tenemos varios fallecidos en esa carretera por atropellos.

El Cabildo solo ve asfalto; nosotros vemos un pueblo

Para el área de Carreteras, la TF-111 no es el eje donde se desarrolla la vida de miles de tinerfeños (casi 3000 entre Tabares y Jiménez, más de 4000 contando Los Campitos); es simplemente una franja de alquitrán en la que gastar presupuesto cada cierto tiempo en campañas de reasfaltado que no solucionan los problemas estructurales.

Nos rebelamos contra la actitud del "funcionario perdonavidas" que despacha los problemas del barrio con condescendencia y autoritarismo desde un despacho climatizado en Santa Cruz. Los Valles no van a callarse ante el capricho técnico de quienes prefieren esconder nuestra cultura antes que corregir su propio orgullo.

Exigimos soluciones para los peatones, soluciones para las aguas pluviales y, por supuesto, el lugar que en justicia le corresponde a la escultura de nuestros históricos Barcos. Dejen de tratarnos como una molestia en el mapa.

Los Valles se respetan.

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